Contaba Esopo en su famosa fábula las vicisitudes finales de una cigarra que se vio sola y despojada en el duro invierno. Se burló del trabajo incansable de las hormigas mientras cantaba bajo la sombra del sofocante verano.
Hoy en día, en un mundo cada vez más carente de valores, observamos "cigarras" y "hormigas" en muchas facetas de nuestra vida: en el trabajo, en las relaciones familiares, con nuestra pandilla de amigos.
Podríamos decir, metáfora en mano, que vemos ejemplos de hormigas trabajadoras todos los días. Esas personas que preveen su futuro a medio plazo, que guardan y almacenan para los malos momentos y que se esfuerzan por conseguir sus sueños. Son "hormigas" trabajadoras que luchan y trabajan de sol a sombra, que se esfuerzan en equipo, que miran por los suyos y que nunca se dan por vencido. Generosidad y compromiso.
Y cerca, muy cerca de ellas, están las personas "cigarras". Esas que viven al día, que prefieren disfrutar y esforzarse lo justo, que se aprovechan del trabajo de los demás y sólo piensan en sí mismas. Egoísmo e indiferencia.
Pero llega el duro invierno y la cigarra, que no imaginaba que fuese a llegar tan pronto, piensa hábilmente que la hormiga le prestará su ayuda. Ella ha trabajado para tener la despensa llena y la cigarra piensa que le abrirá sus puertas. Y a veces lo consigue. Se aprovecha de su bondad y de su generosidad.
Pero no siempre debe ser así. La vida no es sencilla y el mejor aprendizaje que puede recibir una cigarra es verse ante una situación de incertidumbre y de estrés. Eso le hará reaccionar, salir de su zona de confort y afrontar los problemas con compromiso y entereza.
Una enseñanza a quienes no miran más allá de su ombligo, a quienes creen que sólos llegarán más lejos que acompañados, a quienes nunca valoraron lo que tienen ni saben el esfuerzo y el trabajo que hay detrás del éxito.
Sin trabajo no hay éxito y sin éxito no hay sentido a lo que hacemos.
Palabras en el horizonte, de Javier Márquez.